Miércoles, Septiembre 20, 2017
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Estamos atravesando por momentos difíciles en todas las esferas sociales: La inestabilidad política, la crisis económica y la ola de violencia que se viven actualmente han avivado un temor generalizado, incluso en los grupos cristianos.

Ante los eventos actuales, la verborrea en las redes sociales y los medios de comunicación han propuesto soluciones ante esta situación; algunos bienintencionados están hablando de moralidad, ética y autocrítica, mientras que otros proponen rebelión civil.

Aunque muchos pensamientos al respecto puedan estar basados en la intención de tener un mundo mejor, estos pensamientos siguen siendo respuesta ante el temor y la incertidumbre de los cuales Jesús afirmó que “esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades” (Mateo 6:32 NTV). Entonces, cuando los cristianos vivimos quejándonos y con la misma ansiedad y desesperación que los que no conocen a Cristo, estamos caminando como huérfanos, como ovejas sin pastor, como ciudadanos dependientes de un Rey débil. Con nuestros actos estamos mostrando desconfianza en nuestro Dios Soberano.

Pero no vengo aquí como un juez, sino como alguien que también ha sido víctima de la difícil situación que se vive en nuestro país y que ha palidecido a causa de la amnesia espiritual que nos lleva a desconfiar de nuestro buen Padre. Y justo en estos días he recordado el libro del profeta Habacuc (un libro que prediqué en mi iglesia hace más de un año), cuando en mi ciudad se vivía una ola terrible de asesinatos y secuestros a causa del narcotráfico. El profeta Habacuc es alguien como nosotros – vivía en un entorno complicado, pero que aún tenía mucho que aprender del Dios al que servía. Pero de eso te traigo tres enseñanzas que Habacuc también recibiría si viviera en el siglo XXI.

1. A veces me creo que soy mas bueno que Dios.

“Dios mío, a gritos te pido que me ayudes, pero tú no me escuchas; ¿cuándo vas a hacerme caso? Te he rogado que acabes con la violencia, pero tú no haces nada. ¿Por qué me obligas a ver tanta violencia e injusticia? Por todas partes veo sólo pleitos y peleas; por todas partes veo solo violencia y destrucción. Nadie obedece tus mandamientos, nadie es justo con nadie. Los malvados maltratan a los buenos, y por todas partes hay injusticia.” Habacuc 1:2-4 (TLA)

Habacuc (como nosotros) se queja de que es a causa de la maldad en su pueblo, que esta maldad se desarrolla en todas las esferas de la sociedad, desde las calles hasta los tribunales. La queja de Habacuc podría ser parafraseada de la siguiente manera:

Yo soy el más preocupado por la situación; Dios parece estar ocupado en otras cosas. Dios no está haciendo nada, incluso en su indiferencia me está obligando a ver tanta maldad.

Puedes leer el texto en la Reina Valera, NTV o NVI, y en todas las versiones suena de la misma manera. Pero a defensa de Habacuc, él no tiene intenciones de culpar a Dios; sin embargo, lo está haciendo. Él sólo quiere ayuda, pero en su desesperación está actuando como alguien que olvidó que Dios es bueno, que Dios es poderoso y que Dios es soberano. Habacuc está preocupado por su sociedad, su celo por la ley de Dios le hace entrar en angustia. Él está preocupado porque todo camine bien, pero Dios no atiende sus oraciones y súplicas. Desde este lado, parece que Habacuc se cree más bueno e inteligente que Dios.

 2. Dios sigue en su trono y siempre está obrando.

Dios respondió: «Fíjense en las naciones. Miren lo que sucede entre ellas. Lo que pronto van a ver los dejará con la boca abierta. Si alguien les contara esto, ustedes no podrían creerlo.» Habacuc 1:5 (TLA)

La respuesta de Dios ante la queja de Habacuc es sorprendente, pero es la que él necesita escuchar. Ante la maldad de Israel, Dios traerá un juicio terrible sobre los israelitas, y ese juicio tiene como martillo a Babilonia – una nación aún más podrida que Israel. Babilonia va a destruir el pueblo de Habacuc y Dios se encargará de atender la maldad en su pueblo, pero Habacuc esperaba otra clase de respuesta. Babilonia será exitosa en la empresa de su conquista del mundo. Bajo la mentalidad de Habacuc (y la de nosotros), parece que la maldad seguirá triunfando.

Siempre que alguien en la Biblia cuestiona a Dios, no se ofrecen respuestas ante esos cuestionamientos – o mejor dicho, no se nos dice lo que queríamos escuchar porque ¿quién conoció la mente del Señor?, ¿quién le instruirá? (1 Corintios 2:16), ¿quién eres tú para pedirle cuentas a Dios? (Romanos 9:20). Dios es soberano y Él sigue al control de todos los eventos de la historia. Pero Dios no es nuestro empleado; Él es nuestro Rey. Por tanto, Él tomará decisiones que no se ajustarán a nuestros conceptos torcidos de justicia.

Dios sigue en su trono y siempre está obrando, no importa que a veces no lo veamos tan claro y que sus maneras de obrar no siempre nos gusten.

Lo que Habacuc (y yo) debe saber es que Dios no es indiferente ante lo que nos duele, sino que sus maneras de operar son trascendentales a nuestros pensamientos. Pero esto nos debe llevar al asombro de tener un Dios poderoso que hace lo que le place (Salmos 115:3) y que no se equivoca. Dios sigue en su trono y siempre está obrando, no importa que a veces no lo veamos tan claro y que sus maneras de obrar no siempre nos gusten.

 3. Antes que en ellos, hazlo en mi.

Te voy a dejar de tarea que sigas leyendo el libro de Habacuc, porque la conversación entre él y Dios seguirá y cada vez se pone más intensa. Pero un artículo es un campo muy pequeño para hacer justicia a las múltiples enseñanzas de este hermoso libro. Así que me voy a saltar mucho aquí, pero espero que en tus devocionales Dios mismo pueda hablarte por medio de Su Palabra.

Creo que uno de las enseñanzas más importantes que vivió Habacuc es que, aunque él estaba preocupado por la maldad en su sociedad y por la maldad de los babilonios, quien necesitaba ser transformado era él mismo.

Primero, ante el silencio de Dios y Sus planes diferentes a los suyos, Habacuc debió aprender a esperar algo que muchos de nosotros también necesitamos.

Ya te he presentado mi queja, y ahora voy a estar muy atento; voy a esperar tu respuesta. Habacuc 2:1 (TLA)

Pero en esa espera, la mayor transformación que Habacuc necesitaba era aprender a estar contento confiando en el control soberano de Dios, y descansando en Su carácter amoroso, santo y justo. La maldad de Israel fue atacada con la maldad de Babilonia. Pero ante eso, el Habacuc del capítulo 1 habría sufrido aún más mortificación, sus quejas habrían aumentado, y su vida hubiera sido aún más miserable. Lo que Habacuc necesitaba primordialmente no era que Dios transformara su entorno, sino que Dios lo transformara a él.

La mayoría de los estudiosos aseguran que el último capítulo del libro de Habacuc fue escrito alrededor del 598 A.C. (unos 7 años después del primer ataque de Babilonia a Judá). Bajo la opresión de una nación que había llevado cautivos a muchos jóvenes judíos y que estaba por llevar al cautiverio a otras 10 mil personas, Habacuc nos regala una de las porciones más hermosas de la Biblia. Dios contestó la petición de Habacuc al llevar a juicio el pecado de su nación, pero Habacuc habría aprendido algo mejor.

Aunque no den higos las higueras, ni den uvas las viñas ni aceitunas los olivos; aunque no haya en nuestros campos nada que cosechar; aunque no tengamos vacas ni ovejas, siempre te alabaré con alegría porque tú eres mi salvador. Dios mío, tú me das nuevas fuerzas; me das la rapidez de un venado, y me pones en lugares altos.Habacuc 3:17–19 (TLA)

Cada circunstancia de nuestra vida es usada para formarnos conforme al carácter de Jesucristo Clic para tuitear

Jesús fue un hombre que nació bajo un gobierno corrupto y cruel, capaz de ordenar asesinatos masivos de bebés. Él creció y sirvió en una sociedad violenta con líderes religiosos y políticos que fallaban en todas las áreas, pero nunca abrió Su boca para proferir juicio contra ellos, sino que puso la otra mejilla y que siempre confió en Su Padre (incluso ante la inminente muerte a causa de cargos injustos).

El entorno en el que vivimos está ahí bajo el control de Dios como un agente santificador. Hoy tenemos una gran oportunidad de ser transformados como nación y como individuos para ser más como Jesús. Aunque todo falle, ya nuestro Señor nos dejó un ejemplo para seguir. Dios nos ayude a poder afirmar como Habacuc:

“Aunque todo esté mal allá afuera, siempre te alabaré con alegría porque tú eres mi salvador”.

Adrián Capitaine
Esposo de Llanura. Pastor de Horizonte Villahermosa. Estudió Biblia y Teología en el IDEX y posteriormente en el IBDA. Ahora también sirve como maestro en este último.

Doy gracias a Dios que me salvó y me tuvo por fiel para el ministerio.

"Estad contentos con ser nadie, porque eso es lo que sois" - Spurgeon.
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