lunes, mayo 28, 2018
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Cualquiera que conozca un poco de historia de la iglesia y quiera hacer una lista de héroes de la fe colocaría a Martín Lutero, Ulrico Zwinglio y Juan Calvino en ella. Para mí sin duda son héroes de la fe y no tengo ningún problema con darles el honor que se merecen e imitar su fe (He. 13:7). Sin embargo, nunca faltan los anti-reformadores, que, al parecer, odian que celebremos los 500 años de la Reforma y que su primer -por no decir única respuesta- es señalar los pecados y errores que los reformadores cometieron. Con ello, tratan de desacreditar su carácter, su ministerio y la reforma protestante misma. Pero quienes enfatizan el pecado de los reformadores, se olvidan de uno de los pilares de la reforma, SOLA GRATIA.

Lutero, el grosero antisemita

Comenzando con el más obvio de los tres, los errores de Lutero sobresalen, no por su gravedad, sino por su misma fama. Al ser el más famoso reformador, también viene a ser el más señalado. La grandeza de su nombre le pone en la mira de todos y en la silla de los acusados. Lutero, entonces es juzgado por los católicos y aun por un sector de los mismos protestantes. ¿Cuál es la acusación? Lutero es un antisemita, borracho y mal hablado.

La acusación es correcta. Nuestro gran héroe alemán se pasaba de la raya, era un bromista que en muchas ocasiones no se midió y que bajo los efectos de una buena cerveza artesanal de Wittenberg, decía malas palabras. Quizá sea momento de rasgarte las vestiduras, Lutero era alemán y no tenía problemas con beber cerveza (lo cual yo no juzgaría). Sin embargo, ¡es sabido que algunas veces bebió de más! Pero bueno, dejando a un lado esto, la otra acusación igual es cierta, Lutero escribió pestes acerca de los judíos. Aunque podríamos justificar eso por su teología en cuanto al lugar de los judíos en los planes de Dios y por la época en la que vivía, algunas cosas son injustificables. Siendo justos, tenemos que afirmar claramente que Lutero fue antisemita.

Zwinglio, el fornicario guerrillero

El precursor de la reforma en Suiza y el primer eslabón de la tradición reformada no se escapa del juicio. Quizá sea del que menos conozcas, pero Ulrico Zwinglio se sienta a la mesa con Lutero y Calvino como los reformadores más influyentes. Zurich, Suiza fue testigo de la labor de un hombre que se dedicó a predicar el Nuevo Testamento verso por verso desde el texto griego. Lamentablemente, en sus comienzos, cuando Zwinglio estaba por ser nombrado predicador de la Gran Minster de Zurich, la ciudad también fue testigo de su terrible confesión; recientemente había estado con una prostituta. Si algo pudiera decirse en su defensa es que esto fue al comienzo de su ministerio reformador y al final de sus años como sacerdote sometido al celibato. Pero a pesar de todo, no tiene justificación. Lo bueno fue que el confesó su pecado, se arrepintió y comenzó a predicar la Escritura, lo cual reformó Zurich. Años después se casó, y nadie se acordó más de su pecado.

Una cosa más que podría decirse en contra de Zwinglio es que fue un guerrillero. Debe ser entendido que la Reforma Protestante no sólo fue un asunto teológico sino también político. El catolicismo romano estaba ligado a la política y era la ideología que unía Europa. Cuando este se vio amenazado por el creciente movimiento reformador, algunos reinos católicos se levantaron en armas. La respuesta de Zwinglio fue que todo verdadero cristiano debía levantarse en armas por la defensa del verdadero evangelio. El reformador Suizo se levantó en armas en las Guerras de Kappel, donde perdió la vida en la batalla el 11 de Octubre de 1531. Para dejarlo claro, Zwinglio muy probablemente asesinó (o busco hacerlo) a algún católico.

Calvino, el antisocial asesino

Juan Calvino, la mente brillante de la Reforma igualmente tuvo sus fallas. Algunos lo acusan por su carácter, ya que, a diferencia de los otros reformadores, Calvino era un hombre tímido y apartado, que incluso no tenía la más mínima intensión de ser un pastor y predicador que liderara el movimiento reformador en su generación. El reformador de Ginebra hubiera sido completamente feliz encerrado en un cuarto con decenas de libros esperando por ser leídos.

No obstante, la acusación principal contra Calvino tiene nombre, Miguel Servet. Este fue un médico y teólogo español que publicó una obra en 1553 donde enseñaba una doctrina falsa sobre la trinidad. Servet fue buscado por católicos y protestantes para condenarle como hereje, pero logró escapar a Ginebra. Lamentablemente, ahí lo esperaba un Calvino, que, si bien era tímido, era también duro contra la herejía. El reformador presentó los cargos contra Servet y ejerció su influencia para que fuera sentenciado a muerte por hereje. No hay más que decir, Calvino consintió en la muerte de este hombre.

Reformadores pecadores descansando en la sola gracia

Es muy fácil juzgar desde nuestro asiento cómodo, cuando otras personas vivieron pagaron el precio en circunstancias muy diferentes, pero las circunstancias no nos justifican, y ni es ese el cometido de este escrito. Quizá te sientes asombrado y hasta espantado de los pecados de nuestros héroes reformadores. Quizá ya ni quisieras llamarlos héroes. Quizá fui muy lejos al presentarlos de esta forma. Pero para mí siguen siendo héroes, he estudiado sus vidas y siguen inspirándome, no por sus pecados, sino por sus aciertos. Pero más que nada, por lo que ellos retomaron; la gracia suficiente de Dios. Porque yo soy igual que ellos y necesito lo mismo que ellos, ser justificado por gracia, por fe en la suficiente obra de Cristo. ¿Qué hubiera hecho yo en la época en la que vivieron ellos? ¡Me hubiera levantado en armas también! ¡Hubiera dado mi voto para la condena de Servet! ¡Hubiera dicho con Lutero que momentos duros necesitan palabras duras!

La reforma se trató de hombres imperfectos descansando nuevamente en la gracia de Dios. Clic para tuitear

La Reforma Protestante es un evento al que le debemos mucho y lo estamos venerando, pero debemos ser sinceros y decir todo lo que estuvo mal. Porque todo lo que estuvo mal nos vuelve a conducir a uno de los puntos centrales de esta reforma, LA GRACIA SUFICIENTE Y PODEROSA DE DIOS. La reforma no se trató de hombres perfectos cambiando la iglesia y el mundo, la reforma se trató de hombres imperfectos descansando nuevamente en la gracia de Dios para su salvación. Y descansar en esa gracia lo cambió todo. Los reformadores descansaron en la gracia de Dios y ahora nosotros podemos hacer lo mismo y repetir lo que Calvino escribió poco antes de su muerte:

“Con toda mi alma acepto la misericordia que [Dios] ha tenido conmigo por medio de Jesucristo, que expió mis pecados con los méritos de su muerte y su pasión, para que de esta forma perdone todos mis crímenes y mis faltas, y las borre de su memoria […] Confieso que innumerables veces no he ejecutado mi oficio de la manera adecuada, y de no haberme asistido Él en su bondad sin límites, todo ese celo habría sido pasajero y vano […] Por todas estas razones, testifico y declaro que no confío en cuanto a mi salvación en ninguna otra seguridad que esta, y solo esta, o sea, que como Dios es el Padre de la misericordia, se me mostrará como un Padre a mí, que me reconozco a mí mismo como un miserable pecado”

 

 

Carlos

Esposo y Padre. A punto de partir al campo misionero transcultural. Estudió una Lic. en Teología. Carlos y su familia tienen un corazón apasionado por las misiones, así que planea pronto dedicar su vida a anunciar el nombre de Jesucristo donde no ha sido predicado.


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