sábado, noviembre 17, 2018
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¿Has visto la película Gladiador? Si aún no la has visto, deberías hacerlo, pues creo que es una de las mejores cosas que nos ha regalado el cine.

Hace unos días estaba leyendo el brillante libro de James MacDonald “Actúa como hombre”. En este libro, el remite a una de las mejores escenas de todos los tiempos en el cine. Y hoy, haciendo referencia a esa gran lectura que tuve, te quiero llevar a la dramática escena.

Máximo, fiel guerrero de Roma al servicio de Marco Aurelio, logró una gran popularidad por sus logros militares. Por otro lado tenemos a Cómodo, un cobarde que asesinó a su Padre y se vuelve emperador a raíz de esto. Cómodo es un tipo inseguro y ve a Máximo como una amenaza y manda a asesinar a la esposa y el hijo de Máximo. Este termina siendo esclavo en Africa y su dueño le vuelve un gladiador de segunda; pero este comienza a lograr gestas en las batallas hasta que llega a Roma, al gran Coliseo. Ahí se vuelve a encontrar con el terrible Cómodo que se obsesiona con asesinarlo, pero la popularidad de Máximo crece tanto, que Cómodo se ve obstaculizado para lograr acabar con Máximo. Este deseo de matarle llega al punto de poner a Máximo a pelear contra soldados y fieras al mismo tiempo, pero el Gladiador vence. Dejaré que McDonald cuente el resto:

Máximo sale vencedor, y Cómodo baja al circo murmurando entre dientes: “¿Qué voy a hacer contigo? Simplemente, no mueres”. Máximo le responde que solo le queda una persona por matar —obviamente el propio Cómodo—; pero rodeado de soldados con sus lanzas apuntando hacia él, sabe que ese no es el momento oportuno. Por eso, se da la vuelta mientras la muchedumbre lo aclama. En un esfuerzo por inducir a Máximo a pelear con él mientras está agotado y en abrumadora minoría, Cómodo profiere: “Dicen que tu hijo lloraba como una niña cuando lo clavaron a la cruz. Y tu esposa gimió como una ramera en celo cuando la violaron una… y otra… y otra vez”. En una inusitada demostración de fuerza y dominio propio —los rostros de ambos están a pocos centímetros el uno del otro—, Máximo anuncia su ominoso veredicto: “El tiempo de honrarte a ti mismo concluirá pronto—y haciendo una reverencia, añade—: Alteza”.

Elí, Ofni y Finees

¿Has escuchado hablar de los hijos de Elí? Bueno, yo había escuchado hablar muchas veces de ellos, incluso yo que enseño la materia de Antiguo Testamento cada año volvía a esa historia, y el énfasis era la maldad de Ofni y Finees.

La biblia habla de que ellos abusaban de su posición, de su poder y de su “autoridad” para satisfacer sus propios deseos. En el capitulo 2 del primer libro de Samuel se menciona que ellos comían de la carne de los sacrificios. Es decir, cuando alguien llevaba un animal a ser sacrificado, ellos siempre se llevaban una parte para sus celebraciones. De hecho, en el relato vemos que ellos incluso amenazaban a los que trabajaban en el templo. Ellos era como Cómodo, usando su autoridad, influencia y poder para lograr sus objetivos pecaminosos. El relato incluso nos muestra que se acostaban con las chicas que servían en la entrada del Tabernáculo. ¿Se puede ser mas insolente?

Pero hay un cabo suelto en la historia y que pocas veces se enfatiza: ¡El Sacerdote Elí!

La Biblia nos enseña que este hombre era tan culpable como sus hijos. Un anciano gordo y cobarde (alguien tenía que decirlo ya), que nunca enseñó a sus hijos el camino del Señor. El versículo 12 manifiesta que sus hijos “No conocían al Señor, ni las costumbres de los sacerdotes”. ¿Donde estuvieron todo el tiempo? ¿Donde estuvo Elí? El Sacerdote Elí nunca estorbó lo suficiente el pecado de sus hijos, pues el texto manifiesta que el ya sabía de las cosas que ellos hacían y sus regaños se basaban principalmente en la “reputación” que ellos tenían ante el pueblo. Te cito el versículo 24 donde Elí les reprende:

¡Basta, hijos míos! Los comentarios que escucho del pueblo del Señor no son buenos.

No quiero cometer el error de pretender que el pecado de Ofni y Finees sea culpa de su padre. Ellos eran unos perversos que se honraban a si mismos. Y por supuesto que su papá pudo haber hecho mas, tenía compromisos con Dios y el Templo y simplemente no puso atención. En el caso de Elí, el mismo Dios da el veredicto, y este –evidentemente– fue que honraba a sus hijos mas que a Dios.

Dios es bastante claro y severo con Elí en su mensaje de anuncio de la muerte de sus hijos:

“¿Por qué pisoteáis mi sacrificio y mi ofrenda que he ordenado en mi morada, y honras a tus hijos más que a mí, engordándoos con lo mejor de cada ofrenda de mi pueblo Israel?” Por tanto, el Señor, Dios de Israel, declara: “Ciertamente yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí para siempre”; pero ahora el Señor declara: “Lejos esté esto de mí, porque yo honraré a los que me honran, y los que me menosprecian serán tenidos en poco.
1 Samuel 2:29-30

¿A quien honras?

Dios no se anda con juegos. El claramente define en TODA la Biblia que nos creó para su honra y gloria. Por lo tanto, cada intento de dar gloria a lo creado, es idolatría pura y dura. Dios no se anda con juegos, el claramente estableció su propósito:

todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.
Isaías 43:7
En amor  nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad, para alabanza de su gloriosa graciaEfesios 1:4-6
Dios nos ha dado privilegios y beneficios. A algunos nos ha puesto en autoridad. Dios siempre ha querido que seamos parte de su obra en la tierra; nos ha hecho sus colaboradores y hay muchas maneras en que nosotros podemos demostrar eso con nuestras vidas. Así que, debería aterrarnos estar usando cualquiera de sus muestras de gracia y amor, como un arma para poder lograr nuestros propios deleites. Que Dios nos guarde de querer quitarle la honra a él y dárnosla a nosotros mismos, o a las cosas creadas.
Yo soy el Señor; ¡ese es mi nombre! No entrego a otros mi gloria, ni mi alabanza a los ídolos.
Isaías 42:8

Un día, como leímos arriba, llegaron a darle la noticia a Elí que sus hijos habrían de morir. Finalmente ocurrió, Ofni y Finees fueron asesinados por los Filisteos junto a otros 30 mil israelitas, el arca fue robada y Elí murió desnucado al enterarse de su fracaso como Padre y Sacerdote. Si Máximo hubiera sido el mensajero de muerte; se hubiera ahorrado todo el discurso que citamos arriba, quizá hubiera sido mas directo, mas contundente, mas dramático, mas épico. No sé, pienso que se hubiera acercado a pocos centímetros y hubiera dado a cada uno su veredicto:

“El tiempo de honrarte a ti mismo concluirá pronto”. 

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