Sábado, noviembre 25, 2017
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Esta es una pregunta que muchos cristianos se hacen continuamente. En círculos carismáticos es común que cada domingo muchos congregantes asistan expectantes a la iglesia por “ver la gloria de Dios”. De hecho, hay muchas canciones en las que se pide a Dios mostrar su gloria o en las que se expresa el deseo por ver su gloria. Para muestra de esto, analiza la rara letra de la canción “La Gloria de Dios” de Ricardo Montaner. Creo que lo que la mayoría está pensando cuando quiere ver la gloria de Dios, no es lo que la Biblia nos enseña. Cuando la gente piensa en ver la gloria de Dios, muchas veces lo que en realidad quiere, es ver milagros, dones y manifestaciones espectaculares del Espíritu, sentir un escalofrío a la hora de la alabanza, ver el shekina (humo), ver polvo de oro, o sólo sentir algo bonito hasta llorar. Pero, ¿Qué es la gloria de Dios? ¿Cómo podemos verla?

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La gloria de Dios: Una definición.

La gloria de Dios no es algo tan místico como pudieras pensar, debemos entender que en la Biblia una cosa es una manifestación de la gloria de Dios y algo muy diferente es la gloria de Dios en sí. Por ejemplo, el famoso shekina del Antiguo Testamento no era literalmente la gloria de Dios, sólo era una representación de su gloria. En el AT la palabra para gloria es Kabod, lit. “peso” o “pesado”, por implicación se refiere lo pesado de la majestad de Dios. En el Nuevo Testamento la palabra usada es Doxa, palabra usada para referirse a la buena reputación de alguien. Entonces, uniendo estas ideas podemos decir que la gloria de Dios es lo que hace a Dios pesado (grande, majestuoso) y que le da una buena reputación. Es el carácter y la esencia de Dios, compuesta de todos sus atributos, que lo hace ver tan majestuoso. Miguel Nuñez la define “como el conjunto de cualidades o atributos que Dios tiene en su ser interior”. En palabras más sencillas, me gusta decir que la gloria de Dios es lo que hace a Dios famoso.

La gloria de Dios en el Antiguo Testamento.

Sin duda, la idea que muchos tienen de la gloria de Dios proviene del Antiguo Testamento, porque ahí fue donde Dios la manifestó de formas aparentemente más espectaculares. El ejemplo más claro fue en el Monte Sinaí, cuando habló por primera vez a su pueblo. Exodo 24:16 dice que Dios mostró su gloria en esta ocasión, tanto que los hebreos tuvieron miedo de morir y se sintieron indignos de ver la gloria de Dios, terminaron pidiendo que sólo Moisés hablara con Dios. Luego, cuando Dios dio las leyes con respecto al tabernáculo, vemos que Dios mostraba su gloria en dicho tabernáculo cuando se ofrecía ofrenda de expiación (Lv. 9:6). Más adelante, cuando Salomón erigió el Templo, ahora este fue el lugar donde la gloria de Dios comenzó a manifestarse (2 Cr. 5:13). Luego, los salmos hablan continuamente de tributad la gloria de Jehová o de anunciar entre las naciones su gloria (Sal. 96:3), incluso nos dicen que la creación también muestra la gloria de Jehová (Sal. 19:1). Sin embargo, el testimonio del Nuevo Testamento nos muestra que nada de esto fue suficiente.

La gloria de Dios en el Antiguo Testamento y ahora.

El evangelio de Juan comienza diciendo “a Dios nadie le vio jamás, el unigénito hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Jn. 1:18). Es decir, lo que ni el Monte Sinaí, ni el shekina del tabernáculo y del templo, ni la creación habían podido hacer, Jesús vino y lo hizo, MOSTRAR EN TODO SU EXPLENDOR A DIOS. Por eso, versículos atrás, Juan escribió que “aquel verbo fue hecho carne, y habitó (lit. “Hizo su tabernáculo”) entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como la del unigenito del Padre, lleno de gracia y verdad” (Jn. 1:14). Sorprendente, Jesús vino a mostrar toda la expresión de la gloria de Dios. Es por ello que el autor de Hebreos comienza su epístola diciendo que Dios se había revelado de distintas formas en los tiempos pasados (AT), pero que ahora Dios se había revelado a través de su hijo. Tanto, que este autor menciona que Jesús “es el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (He. 1:1-3). Luego Pablo, en 2 Co. 3 haciendo una comparación entre el Antiguo Pacto y en Nuevo, dice que nosotros estamos en uno mucho más glorioso y en el cual podemos ver “a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor”. En 2 Co. 4:3-5 podemos ver que Pablo se refiere a Jesucristo y al evangelio. Entonces, lo que vemos es que Jesús vino a ser la manifestación final, completa y suficiente de la gloria de Dios.

Jesús vino a ser la manifestación final, completa y suficiente de la gloria de Dios. Clic para tuitear

¿Cómo puedo ver la gloria de Dios?

Ahora teniendo todo este entendimiento de lo que dice las Biblia, tanto el Antiguo, como el Nuevo Testamento, podemos abordar la pregunta inicial, ¿Cómo podemos ver la gloria de Dios? La respuesta es sencilla, para ver la gloria de Dios sólo necesitas ver a Jesús, conocerle y contemplarle. Las formas en las que Dios manifestó su gloria antes de Cristo eran figuras y anticipaciones de la manifestación absoluta de Dios. No necesitas más, no necesitas ver humo descender, oir una voz estruendosa, ver milagros o sentir algo bonito, sólo necesitas abrir tu Biblia (si quieres en algún evangelio) y conocer a Jesús. No dudamos que Dios pueda obrar milagros, pero es una practica muy subjetiva y no deberíamos anteponer eso a aquello que Dios quiere que experimentemos realmente, una relación con su Hijo Amado. Todo lo demás es un accesorio y serán muestras de gracia a nuestras vidas, pero Jesús es la Gloria de Dios. Jesús dijo que las Escrituras dan testimonio de Él (Jn. 5:39), así que si quieres ver la gloria de Dios te recomiendo conocer a Jesús, en la Biblia claro. La próxima vez que te preguntes esto o cantes una canción sobre la gloria de Dios, espero que pienses en Jesús como la gloria de Dios, PORQUE ÉL ES LA GLORIA DE DIOS.

Para ver la gloria de Dios sólo necesitas ver a Jesús, conocerle y contemplarle. Clic para tuitear
Carlos
Esposo y Padre. A punto de partir al campo misionero transcultural. Estudió una Lic. en Teología. Carlos y su familia tienen un corazón apasionado por las misiones, así que planea pronto dedicar su vida a anunciar el nombre de Jesucristo donde no ha sido predicado.

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