Miércoles, Septiembre 20, 2017
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He querido escribir el siguiente artículo debido a que mi segundo hijo nació hace unos días. La verdad jamás hubiera imaginado que a mis 24 años estaría felizmente casado y con dos hijos. Me casé hace dos años y medio, mi hijo mayor, tiene apenas un año y medio y mi hijo menor tiene sólo un par de semanas de nacido. Entonces, como verás, no tengo mucho de experiencia, pero quiero compartirte la lección principal que he aprendido sobre la paternidad. Aquello que aprendes desde que tu hijo tiene sólo unas horas de nacido: DEPENDENCIA EN DIOS.

Siendo padre de dos bebes no puedo decirte mucho sobre cómo tratar con hijos adolescentes o sobre como guiar a tus hijos a Cristo. Pero si puedo afirmarte algo que creo que es aplicable en cualquier etapa de la paternidad: la paternidad se trata principalmente de depender de Dios. Pocas experiencias te llevan a descansar tanto en Dios como el ser papá. Y creo que en el famoso Salmos 127 se encuentra este principio:

Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican; Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia. Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, Y que comáis pan de dolores; Pues que a su amado dará Dios el sueño. He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.” Sal 127:1-3

Si Jehová no construye tu hogar, tú no puedes hacer nada para construirlo. Si Jehová no guarda tu familia, por más que tú la protejas, no conseguirás su cuidado. Si Jehová no te da paz y descanso, por más que luches por ello, no lo lograrás. Si Jehová no te da hijos, por más que intentes, los hijos no vendrán. Por tanto, en todo esto y más, no nos queda más que depender de Dios.

Dependemos de Dios para tener familia.

Tan sólo el hecho de tener hijos depende de Dios. Nadie es capaz de dar vida, sino sólo Dios. Podrías estar buscando un hijo con tu pareja por años, pero no concebirás hasta que Dios sople vida. Y aun cuando concibas, pasarás nueve meses más dependiendo en Dios para conocer a ese pequeño. Todo el proceso depende de Dios, como lo dijo David en Salmos 139:13; “porque tu formaste mis entrañas, tú me hiciste en el vientre de mi madre”. Así que, puede que tu estés esperando un hijo con gran anhelo, pero eso depende de Dios; por lo cual, descansa y confía en Él.

Puede que tu estés esperando un hijo con gran anhelo, pero eso depende de Dios; descansa y confía en Él. Clic para tuitear

Dependemos de Dios para el cuidado de nuestra familia.

Recuerdo la primera noche en casa con nuestro primer bebé, siendo padres primerizos no quisimos dormir durante toda la noche, teníamos temor que le pasara algo durante aquella madrugada. Lo mismo nos ha pasado estos días con nuestro segundo bebé, al parecer es un instinto natural. Pero, en estas noches cobra sentido Salmos 127; “Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia… pues que a su amado dará Dios el sueño”. Cuando un pequeño ser humano depende de tu cuidado, no te queda de otra más que depender de un ser mayor a ti, pues reconoces que tú también eres un pequeño ser humano.

Cuando un pequeño ser humano depende de tu cuidado, no te queda de otra más que depender de un ser mayor a ti. Clic para tuitear

Ver la paternidad desde esta perspectiva quita un gran peso de preocupación de tus espaldas, e incluso te ayuda a no tener una actitud sobreprotectora con tus hijos. Entonces, cuando tus hijos se enferman, descansas en esta verdad. Y cada mañana, cuando tus hijos despiertan, sabes que no depende de lo buen padre que eres, sino del cuidado de Dios. Así que, entrega el cuidado de tus hijos a Dios, descansa en Él, seguro que sabe cuidar hijos mejor que tú.

Dependemos de Dios para la salvación de nuestra familia.

Al pensar en la dependencia en Dios, no puedo no pensar en la salvación de nuestros hijos. Si bien el Salmo 127 no dice nada sobre la salvación, el principio sigue siendo aplicable. Y si tenemos que depender de Dios para el cuidado físico de nuestras familias, cuanto más para su salvación. Como dijera Jonás; “la salvación es de Jehová” (Jn. 2:9). Cuando tenemos hijos, nada traerá más descanso que confiar en que Dios es soberano en la salvación. Tú no puedes salvar a tus hijos de la condenación, tu buena explicación del evangelio no los salvará, tu buena crianza no los salvará, llevarlos a la iglesia cada domingo no los salvará. Obviamente, debes buscar hacer todas estas cosas de la mejor manera, pero ante todo, descansa en la soberanía de Dios; descansa en la maravillosa verdad de que la salvación proviene de Él. Nada tan claro como Isaias 43:11 (NVI):

“Yo, yo soy el Señor, fuera de mí no hay ningún otro salvador”

¿Cómo dependemos de Dios?

Hemos mencionado que debemos depender de Dios, pero, ¿Cómo lo ponemos en práctica? Depender de Dios no es estático, depender de Dios se expresa principalmente en la oración. Fue lo que Pablo les dijo a los Filipenses; “por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil. 4:6). La verdad, si eres papá no me dejarás mentir, cuando tienes hijos tu vida de oración automáticamente se multiplica. Pero si no lo estás haciendo, recuerda esto, depender de Dios se trata de orar más. No has podido tener hijos, ponte a orar, tienes temores sobre el cuidado de tus hijos, ponte a orar, te preocupa la salvación de tus hijos, ponte a orar. No te estoy prometiendo una respuesta de Dios a tus oraciones, pero si te aseguro esto;

“y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:7).

Carlos
Esposo y Padre. A punto de partir al campo misionero transcultural. Estudió una Lic. en Teología. Carlos y su familia tienen un corazón apasionado por las misiones, así que planea pronto dedicar su vida a anunciar el nombre de Jesucristo donde no ha sido predicado.

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